Guion de series verticales: Isabel Dréan en London Screenwriters’ Festivalel

En el marco del London Screenwriters’ Festival 2026 se realizó una entrevista online con la guionista Isabel Dréan dedicada a uno de los fenómenos más recientes de la industria audiovisual: las series verticales. Se trata de ficciones pensadas para ser vistas en el teléfono móvil, con episodios extremadamente breves y temporadas que pueden alcanzar entre 40 y 90 entregas.

Lo que comenzó como una entrevista terminó convirtiéndose en una auténtica masterclass. A lo largo de la charla, Isabel explicó en qué consiste el formato de las series verticales y ofreció una mirada muy concreta sobre su funcionamiento en la industria: cómo se escriben, cómo se producen, cuánto se paga por ellas y qué oportunidades están generando para los guionistas.

Por eso me pareció interesante detenerme en esta entrevista y compartir con ustedes un resumen con los puntos más relevantes de la conversación. Espero que lo disfruten y, como siempre, los invito a dejar en los comentarios qué les pareció.

Isabel Dréan es guionista, directora y productora. Antes de dedicarse a las series verticales tuvo una trayectoria diversa dentro de la industria audiovisual.

Tras una etapa inicial como actriz, regresó al sector audiovisual en 2010 con un enfoque empresarial: fundó una de las primeras plataformas de streaming de webseries en Canadá, donde además produjo y dirigió contenidos propios. Más tarde se trasladó a Estados Unidos y comenzó a desarrollar su carrera como guionista.

Desde entonces ha trabajado en diversos géneros —especialmente thriller, terror y películas navideñas— y logró vender proyectos a estudios de Hollywood. En los últimos años se convirtió en una de las primeras especialistas en series verticales, desarrollando proyectos, dictando cursos para guionistas y publicando uno de los primeros libros dedicados exclusivamente a este formato.

Como madre soltera, Isabel entiende algo que muchos creadores olvidan: esto es un negocio. Necesita pagar facturas, y prefiere hacerlo escribiendo.

Uno de los puntos más llamativos de la charla fue el diagnóstico de Dréan sobre el crecimiento del formato. Según explicó, el consumo de microdramas verticales está creciendo a tal velocidad que algunas plataformas especializadas ya compiten en audiencia con los grandes streamers tradicionales.

Las principales aplicaciones —como ReelShort, DramaBox o MyDrama— producen cientos de series por año. Solo una de estas plataformas puede lanzar más de 400 series anuales, lo que genera una demanda constante de guionistas capaces de trabajar en el formato.

Para Dréan, esto abre una oportunidad poco habitual en la industria: por primera vez en mucho tiempo los guionistas son el cuello de botella del sistema. Hay más proyectos que escritores capaces de producirlos.

Al mismo tiempo, las grandes compañías comienzan a mirar el fenómeno. Estudios y plataformas tradicionales ya están experimentando con el formato, lo que sugiere que en el futuro aparecerán versiones “premium” de estas series.

Isabel no tiene reparos en usar palabras grandilocuentes: las series verticales representan un nuevo formato, no una moda pasajera. Y los números la respaldan:

«Esta semana ha sido la primera vez que hemos llegado a un punto en el que la gente está viendo verticales más que todos los demás streamers juntos»

Las series verticales son ficciones pensadas para el consumo móvil. Esto implica varios rasgos formales muy específicos:

  • Episodios de 1 a 2 minutos.
  • Temporadas de 40 a 90 episodios.
  • Duración total equivalente a una película o una miniserie.
  • Narrativa altamente serializada basada en cliffhangers.

En la práctica, un guion completo puede tener entre 50 episodios y unas 70 páginas. Cada episodio ocupa aproximadamente una página o página y media de guion.

Esto obliga a los escritores a trabajar con una narrativa extremadamente condensada y orientada a mantener la atención del espectador.

Pero no se dejen engañar por la brevedad. Isabel insiste: es mucho más difícil de lo que parece. No es simplemente cortar una película en trozos pequeños. Es un lenguaje narrativo completamente nuevo.

El género dominante (por ahora): el 99% son romance. Incluso los thrillers necesitan un componente romántico si trabajas con las grandes apps. Pero esto está cambiando rápidamente.

Uno de los elementos centrales del formato es el uso intensivo del cliffhanger.

Cada episodio debe terminar con un momento que obligue al espectador a continuar. En una temporada típica pueden existir entre 40 y 50 cliffhangers.

Dréan explicó que no todos funcionan del mismo modo. Entre los más frecuentes aparecen:

  • revelaciones
  • amenazas
  • cambios emocionales
  • preguntas narrativas
  • irrupciones inesperadas
  • pistas u objetos significativos

La clave es la variedad: repetir siempre el mismo tipo de cliffhanger genera desgaste en el público.

Una de las particularidades industriales del formato es que los primeros episodios suelen ofrecerse gratis.

Los primeros diez episodios funcionan como una especie de trailer extendido. El objetivo es convencer al espectador de pagar o suscribirse para continuar la serie.

Por eso el final del episodio diez se conoce como el “paywall cliffhanger” (muro de pago): el momento narrativo que debe ser lo suficientemente potente como para convertir a los espectadores en clientes.

El proceso de trabajo suele ser extremadamente rápido. En muchos casos el encargo comienza con una simple logline o una breve sinopsis proporcionada por el productor o la plataforma. A partir de allí el guionista desarrolla los primeros episodios y luego el resto de la temporada.

Isabel escribe un guion completo en una semana (la mayoría tarda dos). Su proceso:

  • 1 día para el esquema
  • 1 día para los primeros 10 episodios
  • 3 días para 70 páginas
  • Tiempo para notas y ajustes

En algunos casos la producción comienza mientras el guionista todavía está terminando el guion, lo que evidencia la velocidad del sistema.

El pago por una serie vertical puede variar bastante, pero en general se mueve dentro de ciertos rangos.

Hace pocos años algunos proyectos pagaban entre 1.000 y 3.000 dólares por guion. Actualmente, según Dréan, la media ronda los 5.000 dólares por proyecto, aunque guionistas con experiencia pueden negociar cifras cercanas a 10.000 dólares.

Su cálculo es frío y profesional: «Si puedo hacer el trabajo y cobrar $1.000 al día, es un buen trabajo. Si me pagan $10.000, puedo trabajar 10 días. Si me pagan $5.000, lo hago en cinco»

Sin embargo, el modelo industrial tiene una característica importante: en la mayoría de los casos no existen derechos de autor o participación en beneficios. El guionista cobra por el trabajo y la propiedad intelectual queda en manos de la empresa.

Por esa razón, Dréan recomienda no entregar ideas o historias personales demasiado valiosas dentro de este sistema.

Estuve buscando números como para tener una referencia: en Estados Unidos el mínimo establecido por el gremio de escritores (WGA 2023) por un guion entre 60 y 90 páginas para televisión ronda los 30.000 dólares, más bonos y regalías.

Durante la entrevista, Dréan compartió varias recomendaciones prácticas para quienes quieran explorar este mercado.

Entre las principales:

  1. Estudiar el formato: ver muchas series verticales para entender su ritmo, estructura y tono.
  2. Escribir un piloto: el estándar de la industria es presentar los primeros 10 episodios de una serie como muestra.
  3. Diseñar un concepto con motor fuerte: la historia debe tener un motor narrativo claro, muchas veces basado en deseos intensos o conflictos fuertes (venganza, secretos, romance, etc.).
  4. Pensar en términos de cliffhangers: una estrategia útil es diseñar primero los cliffhangers y luego construir las escenas que conducen a ellos.
  5. Conectar con la comunidad profesional: según Dréan, gran parte de las oportunidades laborales en este campo circulan a través de LinkedIn y comunidades de guionistas especializadas.

Para Isabel hay dos tipos de personas ante este fenómeno: las que ven lo que hay ahora y lo juzgan, y los visionarios que ven lo que podría ser. Ella está escribiendo thrillers de alto concepto, acción, horror. Está adaptando guiones de películas existentes para continuarlas en formato vertical con actores reconocidos.

«Este es un formato que puedo usar para contar historias y realmente llegar a un público… y las cosas van muy rápido»

Las «bofetadas y el abuso a las mujeres» que caracterizan algunos microdramas chinos no son su estilo. Lo que viene es contenido más cercano al ADN occidental de storytelling, más «Hallmark que microdrama chino», pero con la velocidad y el alcance masivo que solo el formato vertical permite.

En una industria donde producir un largometraje o una serie tradicional puede llevar años, el ecosistema de las series verticales propone un modelo completamente diferente: rápido, intensivo y orientado al consumo móvil.

Quizá todavía esté en su etapa inicial, pero todo indica que este formato de series verticales seguirá creciendo y redefiniéndose hasta encontrar su lugar en el ecosistema de la producción audiovisual. El mercado chino parece haber encontrado la fórmula para narrar para móviles, algo que intentos anteriores en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica —como Quibi o las series web premium de Studio+— no lograron consolidar.

Personalmente, lo que más me interesa de todo esto no es solo el formato en sí, sino lo que revela sobre hacia dónde se está moviendo la industria. Cada cierto tiempo aparece una nueva forma de contar historias que al principio parece marginal o pasajera… hasta que deja de serlo.

Las series verticales quizá estén hoy en esa etapa temprana, con historias recargadas de estereotipos, clichés y temáticas con poca profundidad. Pero conversaciones como esta me hacen pensar que vale la pena observarlas de cerca.

Si te interesa el tema tanto como a mí, me encantaría leer qué piensas. ¿Has visto ya alguna serie vertical? ¿Te parece una evolución natural del storytelling o algo que difícilmente reemplazará a los formatos tradicionales? Te leo en los comentarios.

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